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MISTERIO
Aficionandome al café
 
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Predeterminado Sobre el té.

Una buena taza de té

George Orwell

Publicado en el Evening Standard el 12 de enero de 1946. (The Collected Essays, Journalism and Letters of George Orwell, Volumen 3, 1943-45, Penguin. Traducido
por Manel Franquesa, subsubdirector de La Veritat, diario renacentista de Castelldefels.

Si buscas 'té' en el primer libro de cocina que cae en tus manos, seguramente no lo encontrarás.; o a lo máximo hallarás un par de lí*neas con unas escuetas
instrucciones que no contienen los puntos más importantes.

Hecho curioso, no sólo porque el té es uno de los productos más importantes de la civilización de este paí*s, de Irlanda, Australia y Nueva Zelanda,
sino porque su método de preparación es motivo de las más violentas disputas.

Cuando leo mis propias instrucciones para la taza perfecta de té, encuentro un mí*nimo de once puntos importantes. Dos de ellos son ampliamente aceptados,
pero al menos cuatro son altamente controvertidos. He aquí* mis propios once puntos, considerados por mí* como reglas de oro:

Primero: Uno deberí*a utilizar té de la India o de Ceilán. El té chino tiene sus virtudes que hoy en dí*a no deben ser despreciadas -es barato, y se puede
beber sin leche- pero no es muy estimulante. Uno no se siente más sabio, más bueno u optimista después de beberlo. Cualquiera que utiliza la frase "una
buena taza de té" siempre se refiere al té de la India.

Segundo: El té debe prepararse en pequeñas cantidades, es decir, en una tetera. Un té preparado fuera de una urna siempre es insí*pido, que como el té
del ejército, que se prepara en grandes cacerolas, sabe a grasa y detergente. La tetera deberí*a estar hecha de porcelana china o barro cocido. Las teteras
de plata o de porcelana británica producen un té de inferior calidad y otras teteras aún son peor. Sin embargo, las teteras de estaño no están tan mal.

Tercero: La tetera debe calentarse previamente. Es mejor hacerlo sobre una estufa de leña que llenándola de agua caliente.

Cuarto: El té deberí*a ser fuerte. Para una tetera de un cuarto y si quieres llenarla hasta el borde, seis cucharadas de té deberí*an ser suficientes.
En tiempos de racionamiento, esto no se puede hacer cada dí*a de la semana, pero yo mantengo que una taza de té fuerte vale más que veinte tazas de té débil.
Todos los amantes del té no sólo lo quieren fuerte, sino que cada año lo preparan más potente –un hecho que se reconoce con una ración extra para los pensionistas.

Quinto: El té debe colocarse directamente en la tetera. No utilices tamices, bolsas de tela u otros artefactos que aprisionan el té. En algunos paí*ses,
el té se coloca en unas cestas colgantes para retener las hojas del té, que se supone son venenosas. En realidad, uno se puede tragar una considerable
cantidad de hojas de té sin efectos secundarios. Si el té no está suelto dentro de la tetera, la infusión nunca es suficiente.

Sexto: Uno debe ir con la taza hasta la tetera, y no al revés. El agua debe hervir en el momento del impacto, lo cual significa que debe estar sobre
el fuego un segundo antes de verterla en la tetera. Hay gente que afirma que sólo deberí*a utilizarse agua recién hervida, pero yo personalmente no he notado
diferencia alguna.

Séptimo: Hecho el té, uno deberí*a removerlo o mejor mover la tetera y seguidamente dejar que las hojas se depositen en el fondo.

Octavo: Uno deberí*a beberlo en una buena taza de desayuno –es decir, la tí*pica taza cilí*ndrica alta y no la plana y poco honda. En la taza cilí*ndrica
cabe más y el té no se enfrí*a antes de llevarla a los labios, como ocurre con la taza ancha y baja.

Noveno: Uno deberí*a retirar la crema de la leche antes de añadirla al té. La leche demasiado cremosa modifica el sabor del té.

Décimo: Uno debe verter primero el té en la taza. Este es el punto mas controvertido; de hecho, en todas las familias británicas hay dos escuelas sobre
el tema. La escuela de "la leche primero" puede tener algunos argumentos de peso, pero yo sigo opinando que mi argumento es irrefutable: al poner primero
el té y removiéndolo mientras se vierte la leche, uno puede ajustar exactamente la cantidad de leche. En el caso inverso, uno podrí*a haber puesto demasiada
leche.

Y por último: El té -excepto si se bebe al estilo ruso- deberí*a beberse sin azúcar. Se muy bien que en este punto formo parte de la minorí*a. Pero ¿cómo
puede un amante del té destruir su sabor metiendo azúcar? También se podrí*a meter sal o pimienta... El té debe ser amargo, como la cerveza. Si lo endulzas,
ya no sientes su sabor. Podrí*as crear un brebaje similar simplemente añadiendo azúcar a una taza de agua caliente...

Alguna gente te dirá que no les gusta el té en sí*, que lo beben para calentarse o estimularse y que necesitan ponerle azúcar para eliminar el sabor
del té. A esta gente equivocada, yo le digo: "intenta beber té sin azúcar durante un par de dí*as y es muy improbable que vuelvas nunca a estropearlo añadiendo
azúcar".

Estos no son los únicos puntos de la controversia sobre cómo beber té, pero son suficientes para mostrar lo sofisticado que se ha vuelto este tema.
También existe todo esta misteriosa etiqueta social que envuelve la taza de té (por ejemplo ¿por qué se considera una vulgaridad beber el té del platito
de la taza?) y existe mucho escrito sobre el uso secundario de las hojas de té, como por ejemplo leer el futuro, la predicción de una eminente visita inesperada,
alimento para los conejos, curar quemaduras y limpiar la alfombra. Lo importante es poner atención a detalles como calentar la tetera y utilizar agua que
está hirviendo para conseguir estas veinte tazas de buen y fuerte té a partir de una ración de onzas...

Edición digital de la Fundación Andreu Nin, julio 2003



Saludos.
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